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¿Cuánto mentimos en el sexo?

¿Cuánto mentimos en el sexo?

El sexo lleva mucho tiempo siendo un tema prohibido, confinado al dormitorio, sujeto de tabús y envuelto en un halo de misterio: terreno abonado a que crezcan mentiras, exageraciones y tópicos.

Tan extendida está esta equivalencia de sexo y ocultación, equívoco y engaño que hasta da nombre a una película: Sexo, Mentiras y Cintas de Vídeo.

Mentiras y sexo son una combinación muy peligrosa, que puede llevar a errores importantes o a relaciones poco satisfactorias. Aunque siempre pensamos que lo sabemos todo sobre sexo, seguro que en alguno momento has creído en una o varias de estas mentiras sobre sexo.

El tamaño es lo más importante… ¿o no?

Uno de los lugares comunes en terreno sexual, y uno de los temas de los que más abiertamente se hablan (por pertenecer al ámbito masculino) es la importancia del tamaño del pene, hasta el punto de convertirse esta peculiaridad física en signo de “hombría” o de autoestima de los hombres, hasta el punto de suponer casi un estigma estar en los percentiles superiores e inferiores.

Lo cierto es que como en muchas otras cuestiones en la vida, no hay nada escrito. Ni es cierto el tópico de que cuanto más grande mejor, ni tampoco el que confiere mayor habilidad a los hombres en la media o por debajo.

miente pinocho

Al final el sexo es como un juego de Tetris en el que hay que encajar las piezas, las físicas y también otras, como el carácter, los gustos, etc… Ni siquiera se puede decir que hay un tamaño adecuado para cada pareja, porque lo cierto es que dependerá del momento… o de la práctica que se vaya a realizar en cada momento.

Tampoco se puede negar que el tamaño puede ser un aliciente pero el movimiento el ritmo o la experiencia pueden mejorar el sexo de múltiples formas. Además ahora existen “complementos” que nos liberan de esta restricción.

¿Es siempre malo mentir sobre los orgasmos?

Seguro que cuando pensamos en orgasmos fingidos a todos se nos viene a la cabeza la escena de Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a Sally” y su notorio orgasmo en una cafetería. De siempre se ha dicho que muchas mujeres fingían llegar al clímax en sus relaciones para satisfacer el orgullo de sus parejas (o para terminar antes) en un modelo de sexo centrado en la penetración y que no dejaba mucho espacio a la sexualidad más compleja de la mujer.

En los últimos años en los que este modelo está cambiando y se está cambiando a una concepción más completa de la sexualidad de pareja, se ha pasado a asegurar que no deben fingirse los orgasmos y, si bien es importante saber que puede haber sexo sin orgasmo y que hay formas de ayudar a alcanzarlo, tampoco se puede descartar una pequeña exageración que reafirme al compañero o compañera sexual.

La penetración lleva al orgasmo… a veces

Como en el resto de aspectos de la vida, en lo relativo al orgasmo no hay una mujer igual que otra. Habitualmente se ha hablado de que había algunas que encontraban la satisfacción mediante la penetración (vaginales) y las que lo hacían mediante la estimulación del clítoris (clitorianas).

Actualmente sabemos que la estimulación sexual es mucho más compleja y puede venir de muchas partes y ser influida por otros aspectos ambientales, emocionales o vivenciales.

Muchas mujeres alcanzan el orgasmo con la penetración otras con la estimulación digital, otras con prácticas orales, ¿cómo saber si eres de una o de otras? Fácil, practicando sexo, experimentando sola o con tu pareja y disfrutar de tus orgasmos lleguen por la vía que lleguen.

Ahora sabemos que ni siquiera el orgasmo masculino no es tan sencillo como creíamos y que la sexualidad de ellos es también compleja y que pueden alcanzar el orgasmo también mediante la estimulación de otras zonas erógenas aparte del glande.

Actualmente disponemos de productos que exploran la sensibilidad de todas las zonas erógenas tanto del hombre como de la mujer, que se pueden usar en soledad o con compañía, con diferentes tecnologías y hasta diseños cada vez más cuidados.

A los hombres les gusta más el sexo que las mujeres…. Seguro??

Otra de las grandes mentiras habituales es el lugar común, bastante extendido entre muchos hombres (no todos, afortunadamente), de que los hombres disfrutan más con el sexo que las mujeres. Se subestima así el deseo sexual femenino y la frecuencia e intensidad de este deseo.

Hay estudios recientes que demuestran que esta creencia está totalmente equivocada. Culturalmente se ha impuesto a ambos sexos una concepción del sexo diferente, heredando una forma de organización social que daba preponderancia al hombre sobre la mujer en todos los aspectos de la vida y confería a la mujer un papel secundario y subsidiario del “macho”.

Pero, tanto la idea de que la mujer disfruta menos, como la idea de que el hombre necesita perentoriamente dar salida “a sus instintos” son falsas. No hay una única forma de vivir la sexualidad y hay hombres menos activos y mujeres que lo son más y además esta circunstancia puede variar con el tiempo. Además, aunque ahora lleguen como una novedad, desde siempre se han conocido sustancias que tienen efecto en la líbido.

Lo mejor del sexo es el orgasmo… ummm no siempre

orgasmo

El destino final del viaje que es el sexo puede ser el orgasmo, pero como ocurre en otros ámbitos, muchas veces es el camino lo que se convierte en lo más interesante.

Identificar el sexo con el coito y el orgasmo final, nos cierra posibilidades. Hay prácticas, como la del sexo tántrico que tienen un enfoque más holístico, en la experiencia completa y en alargar la experiencia sin centrarse en la eyaculación como culmen y fin de una relación.

Y ¿es siempre mala la mentira en el sexo?

Desmontadas muchas de las mentiras sobre sexo que siguen circulando, merece la pena considerar el papel que puede jugar el engaño o la simulación (mentiras al fin y al cabo) en muchas prácticas sexuales.

Está claro que una relación, sexual o no, debe basarse en la sinceridad y en la confianza, pero hay veces que de mutuo acuerdo podemos fingir prácticas que implican mentiras implícitas y engaños, como pueden ser los juegos de roles, o el BDSM, en el que se pretende una relación de dominación, que al fin y al cabo, es acordada.

Se trata de una línea muy delgada la que separa el engaño del morbo de que los participantes sepan que hay un disimulo, un trampantojo. Por eso estas prácticas deben estar regidas por la responsabilidad y el mutuo acuerdo.

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